martes, 11 de enero de 2011

A falta de salidas; solo vacío.


Recuerdo haberme intoxicado tres veces en un mes.
Y recuerdo también haberme acercado a mi cura tres veces, una de ellas imposible de efectuarse, pero en fin.
Ahora resulta que existen dos salidas, dos caminos y ya no uno.
No mentía mi madre cuando decía: Cuando una puerta se cierra abre la ventana.
En mi caso no había ventana. Existía solo esa puerta que había saboreado mi nariz un sin número de veces en las que me fue arrojada con fuerza.
Le saque "el ancho" a mis paredes, no medí altura, espesor, hice tan inmensa la salida que ahora solo me encuentro a mi misma cuando logro meterme en un lugar mas pequeño que el que poseía; antes de volverlo nada.
el limite se ha disuelto.
Solo lo que me place.
No lo que no me place.
Parecía sencillo.
El espacio me hizo sujeto.
Podría reconstruirlo, pero va a ser difícil ver todo vacio. Ni siquiera será el caos al que he estado acostumbrada toda mi vida.
Esta vez encontraremos (si me acompañas), un silencio que saca ampollas de lo incomodo e insostenible, ya lo veo venir.
Espacios sin recuerdos, que es peor?

¿Que no me quede nada?

O haber sido yo misma quien quiso desaparecer todo.
Era eso o esperar para siempre lo que nunca jamás sucedió.


1 comentario: